OXIDACIÓN: “CUESTIÓN de VIDA y MUERTE”

La oxidación es fundamental para la vida, pues participa en la obtención de la energía celular. Realmente es un proceso combinado de pérdida (oxidación) y captación (reducción) de electrones, por el que se transforma el oxígeno respirado y los nutrientes ingeridos convenientemente transformados, en la energía necesaria para el funcionamiento orgánico. Este proceso produce además dióxido de carbono y agua, y una serie de moléculas residuales, llamadas radicales libres, que tienen capacidad oxidante. La producción de radicales libres puede ser de causa interna, la expuesta,  y también  de causa externa.

Entre las causas internas destaca  la aceleración  o disfunción del metabolismo celular y también diversas enfermedades, especialmente las de carácter crónico (la obesidad, la diabetes…) o situaciones especiales como el estrés continuado, embarazos…

 Entre las causas externas,  algunos agentes físicos (la radiación ultravioleta), muchos productos químicos (los hidrocarburos, los herbicidas, los alimentos contaminados, drogas) y ciertos agentes infecciosos (por ejemplo, virus,  bacterias, hongos…).

 En condiciones de buena salud, nuestro cuerpo es capaz de neutralizar el daño de los radicales libres gracias a los sistemas de defensa naturales (antioxidantes). Algunos antioxidantes son endógenos, es decir, son producidos por el cuerpo; otros, sin embargo,  son exógenos, es decir, deben ser introducidos desde el exterior, por ejemplo, con una nutrición adecuada.

 En nuestro cuerpo, por lo tanto, hay un delicado equilibrio entre la producción (interna o externa) y “eliminación ” de los radicales libres (por los sistemas antioxidantes)

El estrés oxidativo aparece cuando se altera este equilibrio (homeostasis) de óxido-reducción intracelular. Este desequilibrio entre prooxidantes y antioxidantes es responsable del envejecimiento prematuro y además está involucrado en numerosas enfermedades (cardiovasculares, neurológicas, degenerativas y ciertos tipos de cáncer).

 

Para poder valorar este equilibrio oxidativo, se cuantifican las reacciones que generan radicales libres y la capacidad antioxidante de nuestro organismo. En nuestro consultorio usamos un dispositivo analizador de alta calidad, de fabricación suiza, que permite valorar la capacidad antioxidante de la sangre de una forma rápida, sencilla y muy fiable. Basta una gota de sangre que se deposita sobre una tira-electrodo desechable y se mide la capacidad oxido-reductora.

De esta manera podemos tener una cuantificación de nuestro metabolismo global, que unida a más pruebas que realizamos en nuestros chequeos preventivos, nos permiten abordar la prevención precoz y la mejora de salud de nuestros pacientes, consiguiendo retrasar y evitar multitud de graves enfermedades cardiovasculares, metabólicas, tumorales. El objetivo final es que el paciente viva más pero mejor.